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AVISO: Este blog trata sobre cómo se hacen las películas de Disney por lo que puede haber SPOILERS en los artículos cuando se habla con detalle sobre determinados personajes o escenas.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Ratatouille: La Receta del Éxito

Una vez dentro del Gusteau’s, Remy tiene la oportunidad de conseguir lo que lleva soñando toda su vida, aunque tenga que hacerlo disfrazado: revolucionar totalmente un menú muy soso gracias a la creatividad de sus platos. Para los realizadores, la clave de toda la historia reside en dar vida a todo ese mundo gastronómico que lo es todo para Remy, y además hacerlo de forma precisa y atractiva. Así que lo primero que hicieron fue sumergirse en mundo de la alta cocina. “La historia va mucho más allá de saber cocinar, pero comprendí que si recreaba el ambiente de una cocina de verdad, y lograba que fuera muy bonita, esto le aportaría credibilidad a la fantasía", observa Bird. El proceso empezó en París, donde la "investigación" de los realizadores consistió en comer en los mejores restaurantes, probando todo tipo de exquisiteces y echando un vistazo a las cocinas más creativas del mundo. “Nos preocupaba un poco comer tanto y tan bien en un plazo de tiempo tan corto", dice Bird riéndose. “Pero aprendimos muchas cosas divertidas que se reflejan en la película". De vuelta a casa, todo el equipo se puso el delantal y asistió a una serie de clases de concia en las que los artistas informáticos, más acostumbrados al ratón y al teclado, aprendiendo a cortar y trocear como lo hacen los profesionales. Esto era muy importante para comprender los detalles más pequeños pero imprescindibles como puede ser la forma en la que el chef coge un cuchillo, corta cebolla, remueve una sopa o se comunica con los demás en una cocina en la que reina un ritmo infernal. Las clases de cocina aportaron muchos conocimientos creativos y también algunos efectos secundarios muy graciosos. “Casi me arruino", dice riéndose Mark Walsh, supervisor de animación. “Yo era un devorador de comida congelada y de latas de atún y de repente me di cuenta que era mucho más divertido comer algo bueno”.


Mientras tanto, Brad Lewis se desplazó a Napa Valley, donde hizo un curso intensivo de dos días en uno de los mejores restaurantes de los Estados Unidos, en el que por cierto es casi imposible conseguir una mesa: el French Laundry. Allí, el famosísimo chef Thomas Keller, considerado uno de los profesionales más innovadores de la cocina, revoluciona todas las noches los platos más clásicos y más apreciados.

Cuando Keller se enteró de la historia de Remy, se quedó fascinado. “La gente creía que iba a espantar la idea de una rata en la cocina”, dice entre risas. “Muy al contrario, creo que Remy es alguien con el que es fácil identificarse. Es un outsider que triunfa, y eso es maravilloso”.

Aparte de prestar su voz al dueño de un restaurante en la película, el papel de guía en el mundo de la gastronomía fue mucho más importante para Lewis. “Brad quería saber cómo es una cocina de verdad, la energía, la dinámica y cómo la gente se mueve en una cocina – “el baile” como decimos nosotros en nuestro restaurante”, explica Keller. “Brad y su equipo también filmaron mucho material en vídeo en el French Laundry para poder estudiarlo y pasar de la realidad a la animación”.

Lewis, que la primera noche trabajó hasta la 1:30 de la mañana y volvió al día siguiente a las 5:30, afirma que mereció la pena porque comprendió lo que motivaba al personaje de Remy, un apasionado de la buena comida. “En una cocina como la del French Laundry hay muchos detalles y muchos secretos que aprender", observa Lewis. Y añade: “pero lo más importante fue descubrir que Thomas tiene la misma conexión emocional con sus platos y sus clientes que nosotros con el público que va a ver las películas de Pixar. Así que teníamos muchos más puntos en común de lo que creíamos: para ambos es esencial lo implicados que se sientan nuestros equipos en el trabajo que tienen que hacer. También descubrí que me gusta cocinar por la misma razón que la mayoría de los chefs: porque reúne a la gente”.

Pero, a pesar de todo lo que los realizadores habían visto y probado en París, en las clases de cocina y en el French Laundry, sabían que transformar en imágenes por ordenador esa maravillosa sensación que proporciona un plato de buena comida, iba a ser una tarea ardua. “Nuestra misión consistía en crear la comida más maravillosa jamás vista en una película de animación. Queríamos que el público pensara: '¡Mmmm, me gustaría meterme en la pantalla y comerme eso tan rico!'Ya es difícil crear todos esos platos en la vida real, así que no digamos en el entorno de las imágenes generadas por ordenador", afirma Michael Fong. “Así que los realizadores tuvieron que 'cocinar' una serie de procesos técnicos y creativos totalmente únicos.

Para empezar, el equipo técnico se dio cuenta de que necesitaban maquetas reales de la comida para poder estudiarla. “La única forma de recrear el aspecto que tienen los platos cuando las salsas están cociendo y el vapor humea, era cocinar de verdad los platos en una cocina de verdad y después fotografiarlos”, afirma Fong.

Aquí entra el asesor gastronómico de la casa, Michael Warch, que era un chef profesional antes de incorporarse a la industria del cine, y que también trabajó como manager de los departamentos de maquetación y de platós de RATATOUILLE (Ra.ta.tui). “Tenía que estar siempre preparado. La gente de efectos me llamaba y me decía que necesitábamos a recrear la sopa que acaba de rehacer Remy. Así que yo iba y hacía la sopa", explica Warch.

Warch trabajó durante toda la película para garantizar esa autenticidad que incluso los gourmets más snob valorarían. Esto ocurría sobre todo en la cocina de Gusteau’s.

“La idea era crear algo que resultara estilizado y divertido pero que también se pareciese lo más posible a una cocina francesa de verdad", afirma. “Necesitábamos contar con los cacharros de cobre típicamente franceses, los cuchillos franceses auténticos, la cadena de trabajo que hace que los chefs estén siempre en movimiento hasta que la comida esté emplatada con las diferentes salsas y la presentación arquitectónica. Queríamos que todos los que hubiesen estado alguna vez en la cocina de un gran restaurante dijeran: '¡Wow, lo han conseguido’!”

Cuando llegó el momento en transformar la comida en imágenes generadas por ordenador, el equipo se enfrentó a un sinfín de problemas técnicos. “Descubrimos que el grupo de simulación necesitaba ablandar mucho la comida para que se mezclase bien en el plato", dice Fong. “Eso le daba un aspecto aún más delicioso. El grupo de iluminación y modelado también añadió transparencia lo que hace que la comida sea más apetecible. Y por último, el grupo de efectos creaban el vapor y las olas de calor que salen del plato. Todo esto hacía que el plato fuera muy apetecible”.

Algunos alimentos eran más difíciles que otros. Por ejemplo, el pan, que parece algo fácil de reproducir. Pero si quieres darle ese aspecto de 'querer devorarlo', surgían un montón de dificultades. “El pan es complicado porque da una sensación de volumen", explica Fong. “No se puede pintar una superficie plana que se parezca al pan. Tiene que tener burbujas de aire que se forman cuando se cuece el pan y que le dan ese aspecto de recién hecho. La corteza tiene que tener escamas para que parezca crujiente. Así que tuvimos que contar con gente muy especializada para superar todos esos problemas".

Otro problema que tuvo que abordar el equipo de la comida fue el sinfín de líquidos que hay en un restaurante, desde salsas espesas a vino tinto. “Simular cosas como mandarinas en una salsa es algo muy complejo y puede ser una verdadera proeza", anota Fong. “Simular agua también entraña una gran dificultad. Simular un fluido viscoso que parece moverse a cámara lenta como la salsa o una decoración hecha con salsas, es muy difícil porque hay pocos simuladores que puedan reproducir su física. Y suspender cosas en este líquido es aún más difícil”. Sigue diciendo: “También necesitábamos simulaciones de fluidos especiales como la forma que se mueve un líquido dentro de una cuchara, por ejemplo, en la escena en la que Remy salva una sopa importantísima”.

La mejor prueba de que el equipo de la comida lo estaba haciendo bien fue que al verlos, a Thomas Keller se le abría el apetito. “Algunos de los platos que crearon tenían tan buen aspecto que me daban ganas de probarlos", dice Keller. “La forma en que emplataban, presentaban y sazonaban la comida era fantástica y lograron trasladar al proceso de animación ese maravilloso aspecto que tiene la buena comida”.

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